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La realidad del Barrio Las Vegas tras los violentos episodios de diciembre

La realidad del Barrio Las Vegas tras los violentos episodios de diciembre

Barrio Las Vegas de Santo Tomé fue noticia por una serie de episodios de extrema violencia, relacionados con el enfrentamiento de dos bandas delictivas, los denominados Rojos y Azules, así como el incendio, por espacio de pocos días, de unas diez a doce viviendas. Estos hechos violentos estallaron el martes 8 de diciembre por la noche, con el asesinato a tiros de un joven de tan solo 17 años. En dicho contexto, la jurisdicción vive una realidad paralela, y muchas veces poco difundida, que es la de la gran mayoría de los habitantes de este sector del suroeste santotomesino, que es habitado por unas cuatrocientas familias (cerca de 5.000 personas). Se trata de aquellos que se levantan todas las mañanas bien temprano para ir a trabajar o a estudiar, a “poner el granito de arena” que los ayude a salir adelante.

“Toda esa gente es ajena realmente a los problemas, a la violencia y al movimiento de las bandas, lo único que quiere es vivir en paz, salir a trabajar tranquila”, manifestó a este medio María Inés Cano, una de las encargadas, junto a sus once hermanas, del Comedor Fabri, el merendero de la Iglesia Evangélica Eben Ezer, institución ubicada en Lisandro de la Torre al 4600 (Eben Ezer significa “Piedra de apoyo”, o “Hasta aquí nos ayudó el Señor”). La mayoría de los habitantes de Las Vegas, dijo María, “trata de arreglar su casita para vivir mejor y superarse”. Además, destacó que “es gente muy esforzada”. Muchos son albañiles, prosiguió, o mujeres que trabajan en casas de familia. Algunas personas, incluso, tienen empleos efectivos y muchas otras se dedican al reciclaje. Van y buscan cosas para reciclar, como cartón, papel, botellas y plástico, para después venderlas. “Así sobreviven, porque es gente muy humilde, pero honesta y trabajadora”, acotó.

“Muchas mamás se preocupan por hacer pan casero para vender, o roscas, porque acá hay gente muy buena, la mayoría, pero está ese otro grupito que lamentablemente opaca un poco lo que hace el resto… arruina lo que hacen los demás”, aclaró más adelante. A la vez, explicó que el problema de las bandas enfrentadas es algo que “estuvo siempre en el barrio”. Es una situación que lleva por lo menos treinta años, resaltó, “porque se van los padres y quedan los hijos, o los parientes, y siguen con sus cosas”.

Presencia de patrullas

Al ser consultada por la situación actual del barrio, después de los tiroteos y de tantos hechos violentos, María aclaró que “está tranquilo”, en especial porque “están patrullando continuamente”, tanto la Policía como Gendarmería. Gracias a eso, agregó, “pudimos estar tranquilos todo este tiempo”. “La tranquilidad se debe a la presencia policial, porque en el barrio todavía permanecen algunas de las personas que generan los peores problemas”, acotó. Los continuos patrullajes, insistió, hicieron que en las últimas semanas no se dieran hechos de violencia de la magnitud de lo sucedido a principios de diciembre. Luego, María explicó que ellos, como institución, hace poco tuvieron un evento muy importante, en el que entregaron 650 juguetes (se juntaron 1.000, el resto fue compartido con otras entidades solidarias), golosinas, tortas y masitas a los niños del comedor, que son 250, algo que no hubiesen podido hacer sin la presencia policial y la tranquilidad reinante en la actualidad.

La actividad se desarrolló en el árbol de Navidad de grandes dimensiones que Eben Ezer armó con materiales reciclados. “Recibimos la visita de la intendenta Daniela Qüesta y de otras autoridades municipales, y lo pudimos hacer esa actividad sin ningún tipo de inconveniente”, destacó después. “Tuvimos una fiesta muy linda, sin problemas, porque teníamos el temor de que aparezca alguien, con tantos chicos en el patio y en la calle, que no empiecen con la balacera otra vez”. Pero no, prosiguió, “hubo mucha presencia policial y de Gendarmería”. “No tuvimos problemas y así pudimos hacer algo que tanto trabajo nos cuesta preparar y realizar”, completó María, sin dejar de remarcar que el merendero trabaja desde el primer día del año hasta el último, sin descanso, ni vacaciones. “No paramos nunca”, enfatizó.

Los sábados, por ejemplo, entregan 250 viandas, gracias al aporte del área de Acción Social del municipio (mientras se hacía la entrevista a María, estaban preparando fideos mostacholes y hamburguesas). La chocolatada y las facturas para la copa de leche la siguen brindando todos los días (parte lo cubre Acción Social y lo demás el propio merendero), pero como debido a la pandemia los chicos no pueden ir al comedor, alguien de cada familia pasa a retirarla. En este caso, también reciben la inestimable y gran ayuda de dos panificadoras de Santo Tomé que siempre colaboraron con ellos (María José y La Europea).

Fuente: El Litoral

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