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El Puente Carretero cumple 87 años de vida en un momento clave de su historia

Una mujer avanza en su auto sobre el Puente Carretero rumbo al hospital de Niños con su pequeño hijo en el asiento trasero. Un colectivo lo atraviesa cargado de trabajadores, estudiantes y jubilados que empiezan la jornada. Un hombre levanta la vista hacia uno de los grandes arcos y, por un instante, vuelve a las tardes en las que se lanzaba desde allí al río Salado. Una vecina, en cambio, todavía recuerda las interminables horas de espera que le dejó un choque en cadena.

A pocos metros de esas escenas cotidianas, una grúa eleva lentamente otra viga de hormigón. Es una imagen inédita en la historia del Carretero: por primera vez desde que fue inaugurado, el puente convive con la construcción de otro que algún día compartirá con él la tarea de unir Santa Fe y Santo Tomé.

Hace 87 años que el Puente Carretero sostiene la vida cotidiana entre ambas ciudades. Desde aquel 14 de julio de 1939 vio pasar generaciones enteras, acompañó el crecimiento de una región y soportó un tránsito para el que nunca fue pensado. Hoy, mientras miles de personas siguen cruzándolo cada día, ya no está solo. Uno guarda la memoria. El otro empieza a escribir el futuro.

Puente Carretero, el gigante de hormigón que acompañó el crecimiento de dos ciudades

Hay obras que terminan formando parte del paisaje. Tanto, que quienes las recorren todos los días dejan de mirarlas. El Puente Carretero es una de ellas. Sin embargo, basta detenerse unos minutos para descubrir que no es solamente una estructura de hormigón: es el escenario donde, desde hace casi nueve décadas, transcurre buena parte de la vida entre Santa Fe y Santo Tomé.

Cuando fue habilitado, el 14 de julio de 1939, era una obra monumental. Con 1.320 metros de extensión, dos arcos parabólicos sobre el río Salado y el Vado y una construcción que demandó apenas 24 meses, fue considerado uno de los puentes más importantes del mundo en su tipo y el mayor de Sudamérica. La empresa alemana Gruen y Bilfinger S.A. levantó una estructura que para la época representaba una proeza de la ingeniería. Entonces circulaban unos 2.000 vehículos por día. Hoy son más de 45.000.

El punto de inflexión

La noche del 28 de marzo de 2024 marcó un antes y un después para Santa Fe y Santo Tomé. El anuncio del cierre parcial del Puente Carretero por tareas preventivas de mantenimiento obligó a reorganizar, de un día para otro, la rutina de miles de personas. Lo que en un principio iba a ser una intervención de apenas unos meses terminó extendiéndose durante casi ocho.

Durante ese tiempo, el viejo puente siguió abierto, pero ya no era el mismo. Se redujo al mínimo la cantidad de vehículos que podían cruzarlo. El resto tuvo que buscar un camino alternativo por la autopista Santa Fe-Rosario. Por primera vez en 85 años, el Puente Carretero mostró su fragilidad.

Los vecinos todavía recuerdan aquellas jornadas de desvíos, filas interminables y tiempos de viaje que parecían no terminar nunca. El impacto no fue solo sobre quienes lo cruzaban todos los días. También lo sintieron los comerciantes de la avenida 7 de Marzo de Santo Tomé, que llegaron a comparar aquellos meses con “una segunda pandemia”: la circulación cayó drásticamente y, con ella, también las ventas.

Paradójicamente, fue ese momento de mayor incertidumbre el que se terminó acelerando un proyecto que durante décadas había quedado atrapado entre anuncios y promesas. El cierre dejó al descubierto la enorme dependencia que Santa Fe y Santo Tomé tenían de una conexión vial y terminó convirtiéndose en el punto de partida para la construcción de un nuevo puente paralelo.

Sin embargo, la reapertura del tránsito, el 25 de noviembre de 2024, no significó el final de los problemas. Aunque volvió a recibir vehículos particulares, el Carretero todavía arrastra las marcas de aquella crisis. Algunas juntas continúan mostrando movimientos y parte de los chapones metálicos colocados durante las reparaciones comenzaron a despegarse. Por eso, la Dirección Nacional de Vialidad solicitó al Gobierno de Santa Fe que evalúe hacerse cargo de nuevas intervenciones para evitar que esos deterioros continúen avanzando.

Como ocurre con cualquier obra que atraviesa varias generaciones, el puente necesita algo más que mantenimiento: necesita cuidados permanentes para seguir soportando el tránsito diario que crece día a día. Mientras tanto, apenas unos metros al sur, el futuro ya empezó a tomar forma.

El inicio de una obra clave para el futuro de la región

En marzo de 2025 comenzaron formalmente los trabajos del nuevo puente Santa Fe – Santo Tomé. Hoy la obra alcanza un 45 % de avance y se convirtió en el puente en construcción más largo de la Argentina. Las cifras ayudan a dimensionar la magnitud del proyecto. Ya fueron montadas 90 vigas, se completaron 18 de los 43 vanos. Al mismo tiempo avanzan los accesos en ambas cabeceras, la readecuación de redes de agua, gas, energía y fibra óptica, los desagües pluviales, la iluminación LED y las nuevas conexiones urbanas.

Cuando esté terminado, el nuevo puente absorberá el tránsito en sentido hacia Santa Fe, mientras que el histórico Carretero quedará destinado a la circulación hacia Santo Tomé. Además, incorporará una bicisenda y una vereda peatonal, una transformación que también cambiará la manera de vivir ese espacio. No será un reemplazo. Será un compañero de viaje.

Durante 87 años, el Carretero cargó solo con la responsabilidad de unir dos ciudades que crecieron muy rápido. Vio multiplicarse el tránsito casi 20 veces, acompañó la expansión del área metropolitana, resistió crecidas extraordinarias —como la inundación de 2003— y soportó el desgaste de una estructura concebida para un tiempo muy distinto al actual. Ahora esa responsabilidad empezará, por fin, a repartirse.

Cuando el nuevo puente quede terminado tendrá más carriles, bicisendas, iluminación moderna y una capacidad pensada para las próximas décadas. El Carretero, en cambio, seguirá ofreciendo algo que ninguna obra recién inaugurada puede prometer desde el primer día. Seguirá siendo el puente de las historias de miles de vecinos que durante 87 años lo cruzaron para trabajar, estudiar, enamorarse, pescar, alentar una maratón, llegar a un hospital o, simplemente, volver a casa.

Fuente: Aire de Santa Fe

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